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El guerrero pacífico me parece una película extraordinaria de principio a fin. Que hace reflexionar sobre el sentido de la vida y nuestro concepto de felicidad.
Su protagonista Dan es un afamado gimnasta de anillas, muy perfeccionista y exigente con él mismo. Eso creo que en parte es debido a las creencias limitantes que su entrenador le transmite. Aun así, Dan no se siente bien y no consigue dormir las noches del tirón, lo que le lleva a que una de esas noches vaya a una gasolinera donde se encontrará con su intuición, aun sin él saberlo.


Allí ocurren una serie de sucesos que le empezaran a generar dudas y será donde acuda para resolverlas.
Cada día Dan acude a la gasolinera para hablar con “Sócrates” (conciencia o intuición) pero este solo se limita a hacerle preguntas poderosas que lo hacen pararse a pensar y aunque su reacción muchas veces es defensiva deja claro que lo que realmente le da es miedo conocerse a sí mismo.


“Sócrates” le explica que conocimiento no es lo mismo que sabiduría. Que la diferencia radica en que si solo tienes conocimiento y no lo empleas es como que no tienes nada. La sabiduría es hacerlo, con más o menos conocimiento. Así es como realmente se aprende, de nuestros propios errores y no de los de los demás.


Una de las preguntas que más me gustó fue cuando Dan está justificando todo lo que hacía y de repente “Sócrates” le pregunta ¿Eres feliz? Dan en su posición defensiva responde ¿Qué tiene que ver la felicidad con esto? Realmente tiene mucho que ver aunque nuestro protagonista creyera que no. ¿A cuántas de las personas que conocemos si les hiciésemos esa misma pregunta responderían si? Seguro que de primeras muchas, pero si les damos un espacio de silencio para que conecten con su corazón, seguro que la respuesta cambiaría y mucho. Tenemos muy desarrollada la habilidad del auto engaño y del conformismo, aceptamos muchas cosas aun en contra de lo que queremos por el mero hecho de que “será que tiene que ser así”. Y no, no tiene que ser así, puede ser como nosotros queramos que sea pero para eso debemos quitarnos nuestras propias creencias limitantes y no dejar que las de los demás nos afecten.


Dan cree que es feliz porque su padre tiene dinero, él es un buen gimnasta y las chicas se lo rifan, aunque en lo más profundo de su ser sabe que no, que no es feliz que la fama es efímera y que en realidad está solo y su vida esta vacía, pero eso duele reconocerlo. Poco a poco ira descubriendo que la felicidad no está en lo que tienes sino en lo que eres. La felicidad esta en servir a los demás sin esperar nada a cambio, en ser una persona desinteresada.

Otra buena reflexión es cuando “Sócrates” le dice: la gente no es lo que piensa, la mente es solo un órgano reflejo, reacciona ante todo, se lleva millones de pensamientos por día y ninguno te revela nada de ti”. Entonces sabiendo esto deberíamos reflexionar todas las personas cuando nos aferramos a lo más negativo ¿Qué es lo que no lleva hacerlo? ¿Qué nos impide que nos aferremos a lo positivo?


Muchas de las veces yo creo que nos pasa como a Dan, nuestro ego es más fuerte y nos impide ver más allá y nos levanta un espejo en el que no queremos vernos. Cuando nuestro protagonista decide tomar conciencia y responsabilidad comienza a cambiar ciertos hábitos, pero se encuentra con que tanto sus compañeros como su entrenador le juzgan y aconsejan que debería de volver a ser el de antes.

 

Él que no había adquirido un compromiso real consigo mismo se deja arrastrar por esos comentarios, pensando que realmente lo que está haciendo no merece la pena, al contrario le está haciendo rendir menos y por eso tira la toalla y vuelve a su comportamiento habitual (zona de confort). Con esto consigue que su entrenador le vuelva a reconocer el buen trabajo y ahí el ego de nuestro protagonista se vuelve a disparar. Dan piensa que para ser feliz solo necesita conseguir el oro, sin darse cuenta que la felicidad está en el camino y no en la meta.


(DES) afortunadamente sufre un grave accidente que le dejará inválido y con mucha suerte igual puede volver a caminar. Este duro golpe es para él una nueva oportunidad de empezar de cero, de valorar el aquí y ahora, para dejar el ego aun lado y empezar a ser y sentir desde lo más puro.


En esta nueva etapa Dan decide no darse por vencido y prepararse para poder competir de nuevo, aquí su ego vuelve a jugar un gran protagonismo. Dan no solo se encuentran limites en su físico, sino también en su entrenador y eso le hace tener un sueño revelador donde se ve al borde de un precipicio y su “yo” más auténtico y genuino sale a la luz preguntándole ¿Qué es lo que le aferra a la vida? Y es ahí en esa conversación con el mismo donde se da cuenta que lo que realmente tiene que hacer es soltar el miedo. Miedo a no ser capaz, a que los demás tengan razón, etc y cuando por fin consigue soltar el miedo y que este caiga por el precipicio, es entonces ahí donde realmente empieza su verdadera vida. Tomó conciencia y responsabilidad aun sin saber que era lo que realmente quería. Empezó a permitirse sentir emociones que hasta la fecha había mantenido ocultas y se dio cuenta que todo tiene un propósito en la vida. Se dio cuenta que la gente que es más difícil de amar es por lo general quien más lo necesita.


Le costó tiempo entender que siempre hay algo que está pasando, que ningún momento es insignificante y que el ego no es buen compañero de viaje. Porque hasta que no entendió que él no era el ombligo del mundo, no pudo ver más allá. A partir de ahí se dio cuenta que no existe el mejor, ni que nadie es más que nadie y que el problema es el hábito. Aprendió que uno solo tiene que ser consciente de sus decisiones y responsable de sus acciones y fue entonces cuando se dio cuenta que no había sido un buen amigo, ni un buen compañero. Aprendió también a escuchar a su intuición, a que la vida es elegir. Puedes elegir ser una víctima o ser lo que realmente quieres ser. Aprendió que no se empieza ni se termina, solo se actúa. Que un guerreo no renuncia nunca a lo que ama, que no busca la perfección, ni la victoria, ni ser invulnerable. Busca ser absolutamente vulnerable, porque ese es el auténtico coraje.


Una vez fue consciente de todo eso, pudo demostrarse y demostrar que era capaz de conseguir lo que se propusiera porque lo realmente importante es el camino y no el resultado, ya que si no tienes lo que quieres sufres y cuando lo tienes también sufres por qué no lo puedes retener. Solo si sabemos encontrar amor en todo lo que hacemos independientemente del resultado, seremos felices.


Las tres reglas de la vida son realmente buenas:
Paradoja: La vida es un misterio, no pierdas el tiempo en desperdiciarlo. Si nos enfocamos en dejarnos sorprender descubriremos cosas sorprendentes y quitaríamos
de nuestra mente muchos pre juicios.


Humor: Mantén el sentido del humor, sobre todo en cuanto a ti, es una fuerza inmensurable. Totalmente de acuerdo, si somos capaces de deshacernos del ego seremos capaces de ver todo con un toque de humor y una vez empecemos por nosotros mismos, lo transmitiremos a los demás.


Cambio: Saber que nada se mantiene igual. Ser conscientes que la vida es evolución y lo que creías ayer hoy puede que ya no lo creas. Lo que ayer no hicimos, hoy podemos hacerlo.


Dan consiguió competir y enseñar a sus compañeros que no todo es el oro.


Quiero acabar con esta frase que me impacto especialmente porque considero que es
una gran verdad.


“La muerte no es triste, lo triste es que la mayoría de la gente nunca vive de verdad”.


¿Dónde estás? AQUÍ                    ¿Qué hora es? AHORA          ¿Qué eres? ESTE MOMENTO

Dara Coach Tranpersonal

Una película que nos pone en la situación que muchas veces nos hemos podido encontrar la
gran mayoría de las personas. En ocasiones delegamos nuestros sufrimientos en manos de
otras personas para sentirnos bien dentro de lo mal que lo estamos pasando, pero el miedo
a cambiar nos paraliza más que el valor para afrontar nuevos retos. Los miedos y creencias
limitantes no son solo cosas de personas de un nivel medio/bajo nos afectan a cualquiera y
en cualquier momento, esto es algo que se deja claro en la película.
En estas ocasiones evitamos situaciones en las que tenemos que enfrentarnos a nuestros
miedos y aunque las personas que nos quieren vean que nos pueden ayudar (como en el
caso del protagonista, ya que su mujer acude a un especialista para que le ayude con su
tartamudez) hasta que no sale de manera intrínseca de nosotros no conseguiremos nada.
También nos muestra esta película como a veces en nuestro afán de ayudar, lo que
conseguimos es el efecto contrario. La mujer del protagonista era su mayor crítica y eso
influía de forma negativa en él. Solo era capaz de hablar sin tartamudear cuando estaba con
sus hijas o personas de mucha confianza y si hablaba sin pararse a pensar en que iba a
tartamudear.
Su debilidad era esa, su tartamudez y le hacía pensar que era la única persona en el mundo
que la padecía, al ir al médico y descubrir que el niño que le sale a recibir también
tartamudeaba algo en él cambio.
El hecho de tener que ir él al médico y no a la inversa ya es un paso para salir de la zona de
confort en la que todos nos encontramos. Desde el primer minuto el médico le descoloca
haciéndole preguntas que él nunca se había parado a hacerse. Eso mismo es lo que nos pasa
a la gran mayoría de mortales, no nos paramos a preguntarnos nada, damos todo por
valido, aunque no tenga nada de valido. Esas preguntas incomodan al Duque y se da por
vencido antes de intentar nada. Sus creencias limitantes le tienen totalmente bloqueado y le
mantienen muy cómodo en su zona de confort.
Su tartamudez se fraguo en la infancia ante la constante comparativa con su hermano. Su
padre reconocía que el Rey era una cabeza loca, pero por ese motivo él iba a tener que leer
más discursos de los que a su padre le gustarían.
A veces las presiones a las que estamos sometidos nos impiden ver el gran potencial que
tenemos. En este caso el Duque sigue intentando leer sin tartamudear y al ver que no lo
consigue y ver que lo único que logra es un enfado monumental de su padre recuerda un
ejercicio que hizo con el médico y al cual no había prestado atención.
Cuando estamos solos con nosotros mismos, hacemos las cosas que realmente queremos,
con la libertad de no sentirnos juzgados. Si nos agarráramos a eso más veces romperíamos
las cadenas que muchas veces nos atan.

Para eso debemos escarban en nuestro ser más profundo y hacernos preguntas incomodas
para descubrir que es lo que realmente nos está bloqueando.
Cuando conseguimos encontrar las causas que nos provocan nuestros bloqueos, entonces
podemos analizar desde que emociones las vivimos y si realmente son tan verídicas como
nos pensamos. En ocasiones tenemos que conectar con las emociones negativas para
traerlas al momento real y vivirlas con la edad actual. Otras veces hay que conectar con las
emociones positivas para aferrarnos a ellas y así poder salir del bache en el que nos
anclamos, como le pasa al protagonista de nuestra peli.
Cuando nos encontramos a nosotros mismos conseguimos equilibrar nuestra autoestima y
hacer cosas que antes nos resultaban imposibles. Adquirimos más seguridad y sentimos que
lo que hacemos es nuestra responsabilidad y somos dueños de cómo nos tomamos las
situaciones que nos ocurren en la vida.
A veces bucear en nuestro interior nos produce miedo, un miedo a descubrir una parte de
nosotros que no nos gusta y eso era lo que le pasaba al protagonista.
Me llevo de esta película que hay que adentrarse en uno mismo y aceptar nuestras partes
más sombrías, pues es de la única manera que podemos romper todas nuestras cadenas.
Que sí solos no somos capaces, tenemos que pedir ayuda. Que a veces la ayuda viene de la
forma más inesperada y no es necesario que las terapias sean detrás de una mesa en un
despacho. Se puede acompañar a las personas en cualquier sitio si sabes hacer las preguntas
acertadas.
También me llevo que hay que saber tomar distancia sobre todo lo que nos dicen, eso forma
parte de la persona que lo dice no de nosotros. Que el poder de la palabra es importante
porque según nos comunicamos con nosotros es lo que nos creemos y generamos una
proyección contraria a la que quisiéramos dar.
Después de mucho trabajar, el Duque consigue en dar el discurso del Rey sin tartamudear.
Por fin consiguió tener confianza en sí mismo y su vida cambio para siempre.